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EDSN 27.07.01
Sandino — manifiesto DEL 1º de junio de 1927

EDSN-DOCS THRU 1927

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27.06.26 SANDINO

27.06.28A ACUÑA

27.06.28B SANDINO

27.06.29 SANDINO-HAT

27.07.01 TALAVERA

27.07.01 SANDINO PV

27.07.02 ESTRADA

27.07.02 LAURA

27.07.02 SANDINO

27.07.04 SANDINO

27.07.05 SANDINO

27.07.07 ESTRADA

27.07.10 AGUIRRE

27.07.12 SANDINO PV

27.07.13 SANDINO-HAT

27.07.14A SANDINO

27.07.14B SANDINO PV

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27.07.16 SANDINO PV

27.07.17 ESTRADA

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EDSN 27.07.01    •    Sandino — Manifiesto (with English translation)

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A los Nicaragüenses, a los Centroamericanos, a la Raza Indo-Hispana.

El hombre que de su patria no exige ni un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no tan solamente ser oído, sino también merece ser creído.

Soy nicaragüense y me siento orgulloso porque en mis venas circula, más que todo, la sangre india, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero.

El vínculo de nacionalidad me da el derecho de asumir la responsabilidad de mis actos, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode.

Soy artesano, pero mi idealismo campea en amplio horizonte de internacionalismo, lo cual representa el derecho de ser libre y hacer justicia, aunque para alcanzarla sea necesario constituirla a base de sangre. Que soy plebeyo, dirán los oligarcas, o sean las ocas del cenagal.

No importa. Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son alma y nervio de la Raza, y que hemos vivido postergados, a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el crimen de alta traición, mostrándose indiferentes al dolor y la miseria del liberalismo, al cual perseguían encarnizadamente, como si nos fuéramos de una misma nación.

Hace diecisiete años Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro dejaron de ser nicaragüenses, porque la ambición mató al derecho de su nacionalidad, arrancando del asta la representación nacional, la Bandera que cubre a todos los nicaragüenses, la cual ondea perezosa y avergonzada por la ingratitud e indiferencia de sus hijos, que no hacen un esfuerzo sobrehumano para libertarla ya de las garras de la monstruosa águila de pico encorvado y ensangrentado con la sangre de nicaragüenses, mientras en el Campo de Marte flota la bandera más asesina de los pueblos débiles y enemiga de nuestra Raza e idioma.

¿Quiénes son los que ataron a mi Patria al poste de la ignominia? Díaz y Chamorro; y aún quieren tener el derecho estos mercenarios para declararse oligarcas apoyados en los Springfield del invasor.

No. Mil veces no.

La revolución liberal, para mí y mis compañeros de armas que no han traicionado, que no han claudicado y que no han vendido sus rifles para satisfacer su ambición, está en pie, y hoy más que nunca está fortalecida porque sólo quedarán en ella los elementos que han dejado aquilatado el valor y abnegación de que se haya revestido todos liberal.

Si desgraciadamente Moncada faltó a sus deberes de militar y patriota, no fue porque la mayoría de los jefes que formábamos en la Legión del Ejército Liberal fuéramos analfabetas, y que pudiera, por ese motivo, imponernos como emperadora su desenfrenada ambición.

En las filas del liberalismo hay hombres conscientes que saben interpretar los deberes que impone el honor militar, así como el decoro nacional, supuesto que el ejército es la base fundamental en que descansa la honra de la Patria, y por lo mismo no puede personalizar sus actos porque faltaría a sus deberes.

Yo juzgo a Moncada ante la Historia y ante la Patria como un desertor de nuestras filas, con el agravante de haberse pasado al enemigo.

Nadie lo autorizó a que abandonara las filas de la revolución para celebrar tratados secretos con el enemigo, mayormente con los invasores de mi Patria. Su jerarquía le obligaba a morir como hombre antes que aceptar la humillación de su Patria, de su Partido y de sus correligionarios.

¡Crimen imperdonable que reclama la vindicta!

Los pesimistas dirán que somos muy pequeños para emprender una obra de esa magnitud; yo, por lo contrario, juzgo y me persuado que por muy insignificantes que seamos, es más grande nuestra altivez y nuestro corazón de patriotas. Por lo mismo, ante la patria y ante la historia, juro que mi espada defenderá el decoro nacional y dará la redención a los oprimidos.

Acepto el reto del cobarde coloso invasor y de los traidores a la Patria. Nuestros pechos serán murallas donde se estrellen sus hordas, pues tengo la firme convicción de que cuando hayan matado al último de mis soldados, más de un batallón de los de ellos habrán mordido el polvo de mis agrestes montañas. No seré Magdalena que de rodillas implore el perdón de mis enemigos, porque creo que nadie tiene derecho en la tierra de ser semidiós humano.

Quiero tener la satisfacción de convencer a mis compatriotas, a los Centroamericanos y a la Raza Indio-Hispana, de que en las montañas de la Cordillera Andina hay un grupo de patriotas que sabrá morir como hombres, en lucha abierta, defendiendo el decoro nacional.

Venid gleba de morfinómanos, venid a asesinarnos a nuestra propia tierra, que yo os espero a pie firme al frente de mis patriotas soldados, sin importarme el número de vosotros; pero tened presente que cuando esto suceda, con la destrucción de vuestra grandeza trepidará el Capitolio de Washington, enrojeciendo con nuestra sangre la esfera blanca que corona vuestra famosa White House, antro donde maquináis vuestros crímenes.

Yo quiero asegurar a los Gobiernos de Centro América, mayormente al de Honduras, que mi actitud no debe preocuparle, creyendo que porque tengo elementos más que suficientes invadiría su territorio en actitud bélica para derrocarlo. No. No soy un mercenario, sino un patriota que no permite un ultraje a nuestro soberanía.

Deseo que, ya que la naturaleza ha dotado a nuestra Patria de riquezas envidiables, y nos ha puesto como el punto de reunión del mundo, y que ese privilegio natural es el que ha dado lugar a que seamos codiciados hasta el extremo de querernos esclavizar, por lo mismo anhelo romper la ligadura con que nos ha atado el nefasto Chamorrismo.

Nuestra joven Patria, esa morena tropical, debe ser la que ostente en su cabeza el gorro frigio con el bellísimo lema que simboliza nuestra Divisa Rojo y Negro, y no la violada por los aventureros morfinómanos yankees, traídos por cuatro esperpentos que dicen haber nacido aquí en mi Patria.

El mundo sería un desequilibrado permitiendo que sólo los Estados Unidos de Norteamérica sean dueños de nuestro Canal, pues sería tanto como quedar a merced de las decisiones del Coloso del Norte, de quien tendría que ser tributario; los absorbentes de mala fe, que quieren aparecer como dueños sin que justifiquen tal pretensión.

La civilización exige que se abra el Canal de Nicaragua, pero que se haga con capital de todo el mundo y no que sea exclusivamente de Norte América, pues por lo menos la mitad de un valor de construcción deberá ser con capital de la América Latina y la otra mitad de los demás países del mundo que deseen tener acciones en dicha empresa y que los Estados Unidos de Norteamérica sólo puedan tener los 3 millones de dólares que les dieron a los traidoras Chamorro, Díaz y Cuadra Pasos, y Nicaragua, mi Patria, recibirá los impuestos que en derecho y justicia ya le corresponden, con lo cual tendríamos suficientes ingresos para cruzar de ferrocarriles todo nuestro territorio y educar a nuestro pueblo en el verdadero ambiente de democracia efectiva, y así mismo seamos respetados y no nos miren como el sangriento desprecio que hoy sufrimos.

Pueblo hermano:

Al dejar expuestos mis ardientes deseos de defender mi Patria, os acojo en mis filas sin distinción de color político, siempre que venga bien intencionados para defender el decoro nacional, pues tened presente que a todos se puede engañar con el tiempo, pero con el tiempo no se puede engañar a todos.

Mineral de San Albino, Nueva Segovia, Nicaragua, C.A., Julio 1 de 1927

Patria y Libertad

Augusto César Sandino


ENGLISH TRANSLATION

MANIFESTO

July 1, 1927


To the Nicaraguans, to the Central Americans, to the Indo-Hispanic Race:

The man who doesn't ask his country for even a handful of earth for his grave deserves to be heard, and not only to be heard, but also to be believed.

I am a Nicaraguan and I am proud because in my veins flows above all the blood of the Indian race, which by some atavism encompasses the mystery of being patriotic, loyal, and sincere.

The bond of nationality give me the right to assume responsibility for my acts, without being concerned that pessimists and cowards may brand me with a name that, in their own condition as eunuchs, would be more appropriately applied to them.

I am a mechanic, but my idealism is based upon a broad horizon of internationalism, which represents the right to be free and to establish justice, even though to achieve this it may be necessary to establish it upon a foundation of blood. The oligarchs, or rather, the swamp geese, will say the I am a plebeian, but it doesn't matter. My greatest honor is that I come from the lap of the oppressed, the soul and spirit of our race, those who have lived ignored and forgotten, at the mercy of the shameless hired assassins who have committed the crime of high treason, forgetful of the pain and misery of the Liberal cause that they pitilessly persecuted, as if we did not belong to the same nation.

Sixteen years ago Adolfo Díaz and Emiliano Chamorro ceased to be Nicaraguans. Ambition killed their right to their nationality because they ripped from its staff our country's flag, the symbol that envelops all Nicaraguans. Today that flag flies limply and in shame because of the ingratitude and indifference of its sons, who do not made a superhuman effort to free it at once from the claws of the enormous eagle with its curved beak bloody with the blood of Nicaraguans. Meanwhile in the Campo de Marte military base that flag that murders weak nations now waves, the enemy of our race and of our language.

Who bound our Fatherland to this pillar of infamy? Díaz and Chamorro. And those mercenaries still demand the right to rule over us as oligarchs, supported by the invader's Springfields.

No. A thousand time no.

For myself and for my companions in arms who have not betrayed the Liberal revolution, who have not faltered and who have not sold our weapons to satisfy our own ambition, the revolution continues, and today more than ever before it is powerful because only those who have displayed the valor and self-denial that every Liberal should possess remain involved in it.

If, sadly, Moncada failed in his duties as a soldier and patriot, it was not because most of the Liberal army leaders were illiterates and because of this he could impose his boundless ambition like some emperor.

In the Liberal ranks there are men of conscience who understand the duties that a soldier's rectitude imposes upon him, such as the nation's honor, it being understood that the Army is the foundation upon which the nation rests, for which reason it cannot personalize its acts without violating its basic responsibilities. I judge Moncada before history and before the Fatherland as a deserter from our ranks, with the added aggravation of having gone over to the enemy.

Nobody gave him the authority to abandon the ranks of the revolution to make secret agreements with enemy, and this is especially true of the invaders of the Fatherland. His high position obliged him to die like a man before accepting his country's humiliation, the humiliation of his party, and of his coreligionists.

An unpardonable crime demanding revenge!

Pessimists will say that we are very small to undertake a task of this magnitude, but I am convinced that, however insignificant we may be, our pride and patriotism are very great. For that very reason, before the Fatherland and before history, I swear that my sword will defend the national honor and redeem the oppressed.

I accept the challenge of the dastardly invader and the nation's traitors. Our breasts will be ramparts against which their hordes will shatter themselves, because I am firmly convinced that when they have killed the last of my soldiers, more than a battalion of their own men will have died in my wild mountains. I will not be like Mary Magdalene, who implored her enemies' pardon on her knees, because I believe that no one is this land has the right to be a human demigod.

I hope to convince my compatriots, the Central Americans, and the Indo-Hispanic race that in the mountains of the Andean Cordillera there exists a group of patriots who will know how to die like men, in open battle, in defense of their national honor.

Come, morphine addicts, come and kill us in our own land. I await you before my patriotic soldiers, feet firmly set, not worried about how many of you there may be. But keep in mind that when this happens the Capitol Building in Washington will shake with the destruction of your greatness, and our blood will redden the white dome of your famous White House, the cavern where you concoct your crimes.

I wish to assure the governments of Central America, especially that of Honduras, that my attitude should not cause them concern. They should not think that, because my forces possess more than enough strength to invade their territory, I would do so with the intention of overthrowing them. No. I am not a mercenary, but rather a patriot who does not allow outrageous assaults upon our sovereignty.

Since nature has granted our country enviable riches and has placed us at the crossroads of the world, and since it is that same natural advantage that has made our land coveted to the point that our enemies would even enslave us, I would like to sever the ties to which the sinister Chamorro movement has bound us.

Our young country, this dark beauty of the tropics, should wear on her head the Phrygian cap of liberty bearing the magnificent slogan symbolized by our red and black flag. She should not be a victim violated by the Yankee adventurers who were invited here by the four horrid individuals who still claim to have been born in this land.

The world would be an unbalanced place if it allowed the United States of America to rule alone over our canal, because this would mean placing us at the mercy of the Colossus of the North, forcing us into a dependent and tributary role to persons of bad faith who would be our masters without justifying such pretensions in any way.

Civilization requires that a Nicaraguan canal be built, but that it be done with capital from the whole world, and not exclusively from the United States. At least half of the cost of the construction should be financed with capital from Latin America, and the other half from other countries of the world that may want to hold stock in this enterprise, but the share of the United States should be limited to the three million dollars that they paid to the traitors Chamorro, Díaz, and Cuadra Pasos. And Nicaragua, my Fatherland, will then receive the taxes that by right and by law belong to it, and we will then have income enough to crisscross our whole territory with railroads and to educate our people in a true environment of effective democracy. Thus we will be respected and not looked upon with the bloody scorn we suffer today.

Fellow citizens:

Having expressed my ardent desire to defend my country, I welcome you to my ranks without regard to your political tendencies, with the one condition that you come with good intentions to defend our nation's honor. Because keep in mind that you can fool all of the people some of the time, but not all of the people all of the time.

San Albino Mine, Nueva Segovia, Nicaragua, Central America, July 1, 1927.

Patria y Libertad

AUGUSTO CÉSAR SANDINO

Summary & Notes   |   Resumen y Notas:

    Source: PV1: 117-20.  (Sergio Ramírez, comp. & ed., Augusto C. Sandino, el pensamiento vivo (Managua: Nueva Nicaragua, 1984), v. 1, 117-20).  English translation copied & pasted from http://www.latinamericanstudies.org/sandino/sandino7-1-27.htm.

    Note of Sergio Ramírez accompanying the document:  "En las ediciones anteriores, este documento se presentó con el nombre de “Manifiesto político”. El título con que se identifica ahora, corresponde al que originalmente le diera Sandino, según consta en copia que se encuentra en el archivo del IES. Por otra parte, existen algunas diferencias de redacción entre esta versión y la que se publicó anteriormente."

    See also my critical introduction to this manifesto, to be published in 2024 in Daniel Elam, ed., Aesthetics and Politics in the Global South: Introductions, as part of the Bloomsbury Contemporary Aesthetics digital collection (forthcoming).

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